El dilema de la honradez

Mantener la dignidad puede ser un acto de resistencia en la sociedad capitalista. El deseo de progreso profesional y económico suele conllevar una gran perdida de tiempo personal y, en ocasiones, de principios. Es inevitable, todos acabamos asumiendo situaciones indeseables y cediendo en límites que nunca hubiésemos pensado, pero también existen unos puntos que afortunadamente dependen de nosotros y que debemos proteger y valorar.

Uno de los ejemplos tratados en la literatura prospectiva es la asimilación del trabajador como empleado a jornada completa: la pérdida de identidad propia y su posterior transformación en hombre-empresa/sistema. Con las corrientes emprendedoras que sacuden este comienzo de siglo parece que ha dejado de ser un problema y se ha transformado en motivo de orgullo. Puedo decir que no comparto esa ideología, pienso que trabajo y vida personal deben mantenerse separados como medida liberadora, pero no todos estarán de acuerdo conmigo.

Hace unos meses tuve la fortuna de que me encargase un trabajo una de mis editoriales favoritas. Por un lado me pareció maravilloso e hizo gran ilusión, pero también me dio un poco de lástima porque eso significaba que no realizaría más reseñas de sus libros. Creo que trabajar para una editorial puede generar tres pérdidas: la falta de libertad que uno goza para halagar o penalizar cualquier libro sin pensar en qué será lo mejor para la editorial que puede ofrecer futuros ingresos económicos; la pérdida de perspectiva que supone involucrarse en el proyecto y afianzar relaciones personales -subconscientemente o no, es inevitable que suceda-; y surge el problema de la honestidad, si se debe avisar al lector de la posición profesional con la empresa antes de cualquier reseña o texto sobre un libro editado por ellos.

Con esto no me refiero a puntuaciones en Goodreads ni comentarios en las redes sociales, es evidente que debemos discernir cuál es la frontera entre estos casos y el realizar reseñas o campañas de promoción más o menos encubiertas. La diferencia entre un acto personal y otro que puede ser valorado como parte de una estrategia comercial.

Para mí supone un problema, pero tengo la sensación de que no es lo habitual, y me lleva a otro quebradero de cabeza: si no confío de mi propia perspectiva y prefiero evitar situaciones en las que dudo de mi objetividad, ¿debo hacer caso a quienes están en esa dicotomía laboral/personal? Puede ser injusto, ahí me meto en las decisiones que debe tomar cada uno y cómo debe asumir que lo valoran los demás, yo solo me quedo con mi juicio personal y la sensación de que no es tan complicado tomar el camino mas honrado.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

1 Comment

  • Responder septiembre 21, 2016

    Alexander

    Es una reflexión que yo mismo he hecho durante los últimos dos años en los que estoy colaborando con varias editoriales de género. Al principio no reseñaba nada, y apenas incluso leía nada de dichas editoriales. Hoy en día hago reseñas puntuales de lo que me apetece, tanto si es negativo como positivo. Me ha generado algunos conflictos, pero para mí la solución estuvo en comentarlo antes con los editores y separar mi faceta profesional de la de hobby/blog. Pero sí, creo que lo ideal es no mezclar intereses con lo que te interesa hacer en tu tiempo libro, ya que en general el público confunde una cosa con otra. No son pocas las veces que me han dicho que reseño una novela por interés. Incluso sin colaborar con las editoriales, por el simple hecho de que o me lo hayan enviado o lo haya comprado pero “sea sospechoso”.

    Mi conclusión final es que hagas lo que te apetezca hacer y a tomar por culo el resto.

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