Una cabeza llena de fantasmas, de Paul Tremblay

Paul Tremblay

Cualquier lector se pregunta en ocasiones qué puede esperar de una obra que se sumerge en un género donde parece todo narrado. Más todavía en el terror de casas embrujadas, posesiones y familias en momentos de conflicto. Creo que hay que ser temerario o atrevido al escribir sobre un tema que ya está mil veces enfocado, sobre todo, sabiendo que el lector arrastra todo el bagaje de referencias. Hace unos años lo pensé antes de leer Casa de hojas y semanas atrás con este libro de Paul Tremblay.

Una cabeza llena de fantasmas llegó a mis manos sin que supiese nada sobre ella aparte de que era una historia de terror sobre una posesión en la clásica casa unifamiliar. Tras informarme, comprobé que la mayoría de reseñas se dividían entre el entusiasmo y la total decepción, mientras que las influencias comentadas enfocaban hacia las obras de siempre. No merece la pena repasar las novelas y (ay) películas que han tratado esta clase de temas ni enumerar a cuáles recuerda más o de dónde pudo coger tal idea. En todo caso, me conformo con valorar si la lectura ha merecido la pena o no.

Esta novela trata la supuesta posesión de una niña que convive en una familia azotada por la crisis en la que el padre está radicalizando su devoción religiosa a la vez que la miseria se vuelve más pronunciada. La niña, que realiza pequeñas travesuras y se dedica a atemorizar a su hermana, acaba señalada como poseída, en parte gracias a la presencia del cura que se encarga de guiar a su padre. En todo momento existe la duda sobre si lo está o no. A pesar de los misteriosos sucesos, ella le confiesa constantemente a su hermana pequeña que está fingiendo.portada una cabeza llena de fantasmas

En base a esta situación, un equipo de rodaje entra en la casa y empieza a grabar sus vidas. Los miembros del programa de televisión tratan de manipular a la familia y buscan un momento que sea realmente probatorio hasta que, supuestamente, lo encuentran. En parte, su presencia también tiene un lado positivo al aliviar la economía familiar.

Paul Tremblay decide narrar la novela desde el punto de vista de la hermana pequeña de la joven poseída… unas décadas más tarde. Narrador doblemente falible, por contar su vivencia de cuando era una niña, con los fallos en la memoria que existen, y por estar contándoselo a una periodista. Este último punto presenta muchas dudas, no es una narración desinteresada: ella elige qué contar y cómo. Además, el autor juega a confundirnos en varios momentos. Por ejemplo, cuando van a su casa, ella tiene una extensa colección de películas y libros sobre posesiones, lo que lleva a pensar en si es para documentarse, rellenar espacios vacíos de la memoria o dar verosimilitud a su historia.

La novela tiene doble cierre, por un lado con la historia del pasado de la familia, que queda bastante abierto, demasiado para muchos lectores; por otro, de la historia actual, en donde mete un último detalle quizá muy evidente que hace repensar todo lo leído.

El mayor mérito de la obra reside en ser capaz de llevar una historia demasiado conocida hasta el final sin que el lector se agote. Dentro de lo cual también está lo más negativo: los elementos demasiado tópicos, las metáforas, el fanatismo católico, la cercanía a una cuestión de género muy evidente, el cuestionamiento de la realidad de lo que ocurre en la casa cuando todos sabemos que tiene que ser cierto, los clichés de las conversaciones nocturnas entre hermanas, el suspense casi cinematográfico, etc. Sobrellevar todo esto a cuestas y crear una novela que entretenga me parece muy meritorio y se consigue mediante unos trucos que funcionan bastante bien. La alternancia de estilos, tiempos y fórmulas narrativas agilizan una obra donde el lector siempre se pregunta qué intención guarda realmente su autor.

Quitando algunos detalles muy puntuales, la edición de Nocturna Ediciones supera a la de muchas grandes editoriales, además la traducción de Manuel de los Reyes es irreprochable. Creo que publicar la novela ganadora del Premio Bram Stoker 2015 es una meritoria apuesta y el lector debe agradecerlo en un mercado muy desatendido en cuanto a la publicación de novelas de terror.

Una cabeza llena de fantasmas ha conseguido vencer mis reservas iniciales y se lee con rapidez y cierto placer. Aunque no creo que deje demasiada huella en la memoria, consigue cumplir sus propósitos y me ha descubierto a Paul Tremblay, un autor al que quiero leer más para descubrir si es un interesante innovador del terror o si su capacidad creativa se queda en darle una vuelta de más a lo ya conocido por todos.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

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