Los relatos de Anna Starobinets

Me molesta considerablemente descubrir una autora cuando lleva años con varios libros publicados en nuestro país, más todavía cuando cada semana bombardean mis redes sociales con recomendaciones de novelas que resultan bastante inferiores. Que haya leído a Anna Starobinets ahora y comprobar que durante estos años solo me han hablado de ella un par de personas es un síntoma a analizar.

Más allá de estos matices contextuales que poco importarán al lector casual, en el último mes y medio he leído las dos antologías de Anna Starobinets que han publicado en –la nunca suficientemente valorada- Ediciones Nevsky: Una edad difícil y La glándula de Ícaro. Debo avisar de que ha sido un flechazo instantáneo, la primera historia de Una edad difícil me impactó de lleno y nada más acabar ese volumen compré La glándula de Ícaro para devorarlo con la misma rapidez.

Voy a realizar un breve comentario sin tener en cuenta a qué volumen pertenece cada relato enumerado.

Stephen King, Neil Gaiman, Philip K. Dick… son varios los nombres a los que se hace referencia en las contraportadas. No soy amigo de las comparaciones con otros autores, pero debo comentar que la lista de escritores con un perfil tan distinto es comprensible al observar la temática de los relatos. Podemos encontrar historias de terror, ciencia ficción pura, distopía, psicoanálisis, inmortalidad o religión. La autora no escribe en una parcela narrativa concreta, es variado y notable el conocimiento de los distintos géneros que maneja, tanto que utiliza los elementos paradigmáticos sin coartarse a la hora de saltarse las fronteras habituales. Si bien se pueden calificar como literatura fantástica la mayoría de sus historias, también es cierto que muchas de ellas no excluyen una visión realista. A modo de ejemplo, el factor fantástico puede existir o no en la película El quimérico inquilino, depende de cada espectador.

Tal y como comento, es abrumador el uso de los géneros que elije tratar Anna Starobinets, más al tomar en cuenta que escribió Una edad difícil con 27 años. En los relatos juega con el lector y le despista en ocasiones mediante arriesgadas propuestas. Con Una edad difícil, quizá la historia que más me ha impresionado, descubrimos en el último tercio que cambia la potente voz narrativa por un irritante diario juvenil, y aun así consigue mantener la intriga y golpear en las últimas páginas. O en Spoki podemos leer una historia que la mayoría de escritores hubiesen conducido a un tono oscuro, sin embargo la autora opta por un estilo que me ha recordado al Ira Levin más inspirado y lleno de cinismo. Creo que las dos historias que he nombrado son las más largas, y junto a la deprimente La glándula de Ícaro son de mis favoritas. En esta última opta por un elemento fantástico mínimo para realizar una autopsia de la vida en pareja, la desconfianza y el sacrificio que a veces se realiza por mantener a flote las relaciones.

También hay algunos cuentos que son ciencia ficción: en Vivos se puede leer una distopía con tema robótico ambientada en un futuro casi deshabitado, en El parásito, la excesiva historia de evemerismo a mediante operaciones quirúrgicas; en La frontera, viajes en el tiempo a través de un tren; o en La eternidad de Yasha, un hombre fallece aunque esto no suponga un cambio en su día a día.

¿Qué es lo que no hay en las historias? Supongo que lo más evidente es la ausencia de normalidad. Si esta asoma en algún momento es para echarla abajo con rapidez. Algunos relatos son pequeñas pinceladas, momentos de confusión, visiones alteradas de la realidad. Quizá los más discutibles, y junto al juego narrativo de La agencia, los que menos me han gustado. Pero la afilada mirada de la autora busca los aspectos más absurdos y monstruosos que guarda nuestra psique para mezclarlos con sus propuestas estético-ambientales y así lograr una fórmula literaria que es posible analizar a múltiples niveles.

Se puede hablar de una regularidad en cuanto a la calidad: los quince relatos que forman las dos antologías son notables a nivel temático y narrativo. Las voces resultas creíbles y los excesos retóricos controlados con un ritmo maestro.

Desgraciadamente, hay varios puntos que juegan en su contra dentro de un mercado como el nacional: es una mujer no anglosajona que no se puede encajar en una estantería concreta, rehúye los vicios del género fantástico y, pienso que, puede gustar incluso más a lectores ajenos a él. No me atrevo a aventurarme en hipótesis sobre los resultados que ha supuesto para Nevsky apostar por la autora, pero intuyo que serán insuficientes en comparación con los que merece una propuesta de este valor.

En definitiva, me conformo con terminar la mitad de entusiasmado tras la próxima lectura de sus novelas.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

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