Dejarse llevar en una biblioteca pública

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Pasear en silencio entre las estanterías de una biblioteca resulta muy aburrido para la gran mayoría de los ciudadanos. Incluso para los que leen y pierden horas en librerías buscando novedades. Aun así, no puedo negar que siento una complicada satisfacción al estar un buen rato mirando libros en cualquier biblioteca pública sin decidir cuáles llevarme.

La sensación se acerca a cierta libertad. Habrá quien no lo comprenda, pero deambular entre las aburridas, gastadas y obsoletas estanterías de la mayoría de bibliotecas significa exponerse a disfrutar de una elección sin presión, únicamente motivada por el orden alfabético de los apellidos de los autores y cierto azar.

Por ahora, las bibliotecas públicas se mantienen alejadas de los algoritmos, posicionamientos y presiones indirectas que recibimos en otras aficiones. A pesar del tremendo escaparate que suponen las plataformas digitales, somos víctimas del historial que tengamos y las novedades que nos sacudirán una y otra vez hasta que al menos tengamos curiosidad y veamos de qué trata la última serie que nos quieren vender. Lo mismo ocurre en librerías donde mayormente nos quedamos bajo la abrumadora lista de novedades y los gustos imperantes. En cambio, las bibliotecas -por ahora, vuelvo a repetir- carecen de esos sistemas y mantienen una vida no digitalizada en este aspecto.

Me encantaba ir a la Biblioteca de Andalucía de Granada y su extenso escaparate de libros, lo mismo me ocurre ahora con alguna biblioteca de Madrid. Queda el azar de la estantería de abajo, el recoveco de la sala sin salida o el libro de bolsillo encerrado entre dos gruesos volúmenes de tapa dura. Pero hasta en esos detalles existe la libertad y un agradable caos.

Esto no es una oda a las bibliotecas públicas, tampoco una crítica a los presupuestos cada vez menores que reciben o a los patéticos políticos que buscan un rendimiento económico (¿?) en el sector cultural. No, más bien es un breve comentario sobre una de las pocas ocasiones en las que podemos gozar de libertad para dejarnos llevar y tomar nuestras propias decisiones. Simplemente eso.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

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