El hospital de la transfiguración: los inicios de Lem

el hospital de la transfiguración

En los últimos años he comprobado lo peligroso que es revisar las bibliografías completas de algunos autores. Me he acostumbrado a coger a alguien que me guste y leer toda su carrera en orden cronológico. Aunque esta tarea muestra obras fallidas y publicaciones que parecen ajenas, también ayuda a entender los avances y el aprendizaje que sufren con el paso de los libros.

He leído numerosas obras de Stanislaw Lem y decidí continuar la lectura de los libros que me quedaban pendientes en este orden, a pesar de ser algo titánico y que es mejor realizar poco a poco. Su primera obra fue El hospital de la transfiguración y podemos encontrarla en la editorial Impedimenta con una acertada traducción, tal y como nos gustaría poder disfrutar a otros tantos autores hoy imposibles de encontrar en las librerías.

El hospital de la transfiguración es una novela realista escrita en 1948 y que Lem no pudo publicar hasta 1955. El principal motivo del retraso fue la censura que tuvo que sortear y que destrozó partes de su novela hasta dejar un texto algo confuso y demasiado arrítmico. Tras estudiar Medicina, el autor polaco decidió situar esta novela en un hospital psiquiátrico durante la II Guerra Mundial, poco antes del avance del ejército nazi sobre Polonia.

Por describir de un modo brevísimo la novela, comentaré que trata sobre la incorporación a un hospital psiquiátrico de un joven enigmático y algo perdido en la vida. Aunque es médico, no supone ningún problema para nadie que no esté especializado en esa área. La relación con los pacientes espanta y atrae por igual al protagonista y la narración se centra en su día a día sin que parezca que exista una trama bien definida: llega al hospital, conoce a los compañeros y pacientes, encuentra la central eléctrica cercana, sufre algún conflicto…

el hospital de la transfiguracion

A día de hoy es imposible discernir si los fallos evidentes que tiene la novela fueron provocados por la bisoñez del autor o los procesos de reescritura que sufrió para poder publicarla. Lem siempre fue un autor de ideología complicada de situar para la Unión Soviética y durante la novela, de la que siempre renegó Lem, aún quedan pequeñas píldoras que pudieron incomodar a los editores y censores.

Todos estos extractos que copio a continuación están traducidos por Joanna Bardzinska.

 

-Nadie duda de que lo mejor es que cada uno elija libremente su profesión –dijo-. Pero en una gran población tan solo la ley de distribución aleatoria puede garantizar la existencia de profesionales en los oficios socialmente relevantes. En teoría, podría darse el caso que durante unos años nadie quisiera ser pocero… ¿Y, si ocurriera, habría que forzar a la gente a que lo fuera?

-De algún modo, hasta ahora ha funcionado así y parece que esta ley no ha fallado. (…) Dice que es una suerte que la gente sea tan poco inteligente. Sería una pesadilla que todo el mundo fuera profesor universitario, queridos colegas. ¿Quién barrería las calles?” (P.95)

 

La independencia del Estado me importa un rábano. ¡Lo importante es la independencia interior!”. (P.126)

 

Es entonces cuando uno elige su propia ideología: una entre tantas, como quien escoge una corbata, en función del colorido y del precio.”  (P.235)

 

A todo esto hay que sumar una ausencia total de adulación al Estado y ni una palabra sobre el Partido Comunista. Los personajes trabajan en el hospital cuidando de los enfermos como podrían estar segando el campo, y seguramente sería más sano para los pacientes que así fuese. Del mismo modo, los trenes siempre viajan abarrotados y la proximidad de los nazis se hace cada vez más latente.

La llegada del ejército invasor es de lo poco que aporta valor a la novela. Con el horror muy reciente, Lem testifica cómo los alemanes plantean su eugenésica obligación de asesinar a todos los enfermos y extorsionan a los médicos para que ayuden en una rápida ejecución. La decisión que toma cada personaje ante esta situación muestra las posibilidades a las que se enfrentaron muchos en su intención de no ser cómplices.

A pesar de todos los problemas que empujan a El hospital de la transfiguración a la mera anécdota dentro de la larga carrera del autor, existe el sincero intento de reflejar un sistema que trata de funcionar en el caos, la enfermedad, el egoísmo y la debilidad o las relaciones familiares y las deudas que conllevan. Un retrato de la época que Lem no supo, o pudo, llevar a cabo con acierto.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

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