Los piratas fantasmas, de W. H. Hodgson

Unos meses después de acabar esa maravilla que es La casa en el confín de la Tierra he decidido continuar con la lectura de toda la obra de William Hope Hodgson. En esta ocasión, Los piratas fantasmas ha sido la novela elegida, una obra bastante menor en todos los aspectos pero de la que se pueden sacar algunos puntos interesantes.

W. H. Hodgson se interesó por el mar desde la infancia: con 12 años intentó enrolarse en un barco y poco después consiguió el permiso para pasar unos años viajando, a la vez que fue maltratado, quién sabe hasta qué punto, por sus compañeros. Si bien la lectura de Los piratas fantasmas no sirve de testimonio de ese mal trago, sí que se transmite la fascinación por el mar y los desencuentros ante la vida algo absurda dentro de un barco con un rígido orden jerárquico.

Esta novela es bastante breve y los diálogos pueblan la mayoría de páginas. Existe un engañoso ánimo aventurero que retrotrae a las obras clásicas de piratas. Sin embargo, nos encontramos  ante una novela de terror. El mismo pánico al vacío de los viajes espaciales, el mismo que existe a las heladas extensiones del ártico, aquí se puede observar en un barco que pronto se sabe aislado del resto del mundo. No solo por el mar, también por la sensación de no poder ver lo que ocurre fuera del barco mientras empiezan a ocurrir extraños accidentes y la locura amenaza por aparecer entre los marineros.

Todo esto no debería pillar desprevenido al lector, al comienzo se informa de que toda la tripulación anterior ha abandonado el barco tras el último viaje. ¿Los motivos? A nadie parecen preocuparle, aunque un aire de fatalidad se intuye dentro de la aparentemente fluida prosa.

Hodgson es un autor con gran capacidad para sintetizar lo que a veces parece inenarrable, como podemos comprobar cuando el protagonista empieza a lanzar hipótesis sobre las sombras que hay en el barco, los accidentes y la imposibilidad de ver otras embarcaciones:

Mira, pienso que este barco está abierto, como te he dicho, expuesto, desprovisto de protección, llámalo como quieras. Diría que es razonable pensar que todo lo que pertenece al mundo material se encuentra protegido de las cosas inmateriales, pero en ciertos casos esa barrera puede caer. Es lo que pudo ocurrir a bordo de este barco. Si es así, tal vez se encuentre sin defensas contra los ataques de seres que pertenecen a otra forma de existencia.

¿Y qué es lo que ha dejado así a este barco? —preguntó con voz auténticamente aterrorizada.

¡Dios sabe! —contesté—. Tal vez tenga algo que ver con los campos magnéticos; pero la verdad es que ni tú ni yo lo comprenderíamos. Supongo que en mi fuero interior no creo en la existencia de nada de ese tipo. Yo no estoy hecho así. De todos modos, ¡no sé! Tal vez se haya realizado a bordo algún acto abominable. O bien, pues te diría otra vez que es infinitamente más probable que sea algo totalmente exterior a todo lo que yo conozco.

Si son inmateriales, entonces son espíritus… —inquirió él.

Yo no sé. Es tan difícil saber qué es lo que en realidad pienso. Tengo una idea rara que mi coco se empeña en tomar por buena; pero no creo que mi estómago se la trague.

Desembucha —dijo.

Pues bien, suponte que la Tierra esté habitada por dos tipos de seres. Nosotros, de un lado, y luego los otros.

Publicada en 1908, un año después que La casa en el confín de la Tierra, tal y como digo, es una obra menor, pero donde afronta el mismo problema del individuo al asomarse hacia una realidad incomprensible en la que solo es un mísero títere más. Más tarde vendrían H. P. Lovecraft y demás autores a ahondar en estos temas y continuar en la perspectiva materialista. También repite con la técnica de manuscrito encontrado, pero no se puede entablar un discurso del todo coherente entre las dos obras por las grandes diferencias existentes en estilo, tema y ambición.

En Los piratas fantasmas no encontraremos una gran obra, pero tampoco mala o prescindible. Hasta es de agradecer el recuperar en estos días una historia tan concisa y original en el modo de plantear los conflictos. Por mi parte, me ha proporcionado hora y media de diversión a la vez que aumentaba mi interés por seguir descubriendo a este (otro) autor casi olvidado.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

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