Parpadeo, de Theodore Roszak

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Abordar una novela de 800 páginas presenta retos desde todos los ángulos. Escritor, editor, traductor, lector, crítico, reseñador, prospector o librero se enfrentan a situaciones que se intensifican respecto a otros libros en cuanto a motivaciones o comercialidad. Cualquiera de las dificultades se amplía cuando la novela busca unas ambiciones que van más allá de conquistar el mercado y en Parpadeo se encuentran un buen número, pero su fama ya adelanta que sale victoriosa de la mayoría de ellas.

¿Qué es Parpadeo? Una novela que habla sobre cine, corrientes artísticas, crítica, contracultura, religión y, en último término, conspiraciones. Comienza con el proceso de formación del joven Jonathan Gates y su afición creciente hacia el director de cine Max Castle. La filmografía de este enigmático creador se encuentra en su mayoría perdida, pero en las películas a las que accede el protagonista va descubriendo una serie de elementos sobresalientes que provocan tanta obsesión como repulsa. Gates se encuentra en su época estudiantil y bajo la educación -académica y sentimental- que le ofrece la dueña de una pequeña sala de cine independiente, Clare, aprende qué significa este arte y cómo se debe analizar. Los años pasan, enfoca su investigación académica hacia el director y recorre los restos de una época del cine ya desaparecida, distintos países, el auge de un nuevo modelo narrativo -que se parece de manera inquietante al actual- y un giro narrativo tan inesperado que hasta que no se termina la novela el lector desconoce si debe enfadarse o mostrar admiración.

Durante las numerosas páginas de la novela de Theodore Roszak recorremos la historia siempre desde el punto de vista del protagonista. Mediante sus vivencias y los testimonios que recoge tenemos la oportunidad de visitar sin nostalgia alguna un mundo de salas de cine pequeñas, maratones de cine clásico, europeo y de serie B, las discusiones en cafeterías, la crítica y todo aquello que suele ansiar el cinéfilo no profesional.

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Mientras, vemos tomar forma a la personalidad del joven Gates que es acogido bajo el manto, mundo y hogar de quien es su maestra y tirana por igual. Lo asimétrico de la relación no parece realmente importante y ambos sacan provecho del otro, pero Clare es quien más ofrece y durante toda la novela protege y ayuda al personaje a pesar de una coraza que nunca abandona y que solo puede entenderse mediante la anteposición del mismo cine a la vida.

Pero no podemos olvidar de qué manos parte la novela, Roszak es el mayor investigador de la contracultura y un sabio narrador que muestra los distintos ambientes sin avasallar y con la perspectiva de que esta es una historia con el objetivo de entretener. Mediante un pulso que no se debilita en ningún tramo, acompaña al lector en la novela que nace del pequeño cine para acabar, como las mismas películas de Castle, en una trama con un enfoque más sobrenatural. Aunque no se puede evitar comentar que Roszak se toma un ajuste de cuentas al ridiculizar las tendencias francesas de análisis textual y cinematográfico. Él prefiere no ahondar en la abstracción y la hermeticidad de algunas corrientes europeas queda ridiculizada en base a un ejemplo que se inventa.

Tal como he dicho, la novela no decae y la sensación de extensión solo está en la consciencia del lector por saber las páginas que lleva y las que quedan: no se hace pesada, está narrada con maestría y engancha. Tanto es así que cuando llega el último giro consigue acabar en un punto álgido que no desmerece ni afecta al camino recorrido.

En definitiva, una impecable recuperación por parte de Pálido Fuego, muy bien traducida por José Luis Amores a pesar de la dificultad que debió suponer. Un libro que aficionados al cine y a la literatura deberían tener en su estantería y, faltaría más, leer sin miedo. A pesar de todo lo que cuenta, es una obra accesible para cualquiera. Una jugada maestra.

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