La peste escarlata, de Jack London

la peste escarlata

Antes de empezar el primer tomo de los Cuentos Completos de Jack London y meses después de volver a La llamada de la selva, leí esta pequeña novela corta casi olvidada. La peste escarlata navega en esa distancia, la novela corta, que a veces parece tan incómoda para el sector editorial. En mi caso, hubo dos elementos que me empujaron al libro: la temática y la edición de Libros del Zorro Rojo con preciosas ilustraciones.

Si Jack Londón fue uno de los precursores de la distopía con la visceral y propagandística El talón de hierro, también se adentró en un espacio mucho más trabajado décadas después, como es el de las obras situadas tras la caída de la civilización. Nada más empezar lectura recordé el último tercio de La Tierra permanece, cuando su protagonista, un anciano incomprendido por jóvenes ya asilvestrados, trata de transmitir los conocimientos de su era. En La peste escarlata nos encontramos en una situación parecida: otro anciano, que en su juventud fue profesor universitario, habla a unos jóvenes que apenas lo entienden sobre su pasado y cómo la civilización fue borrada en 2013.

Curiosamente escrita en 1912, seis años antes de la pandemia provocada por la gripe española, en La peste escarlata se narra la llegada de un contagioso virus que acaba con la civilización. Desde el punto de vista de una persona ilustrada, se describen las dudas de las primeras muertes, el salvajismo que no tarda en aparecer o la heroicidad del individuo que se sacrifica por el bien común… Hechos que son irrelevantes ante un virus al que no le afectan las cualidades ni desgracias humanas.

Esta obra se mueve en dos tiempos. Por un lado se encuentra el anciano que narra la historia a unos jóvenes que lo interrumpen de forma constante y que no entienden gran parte de su vocabulario. Esta nostálgica persona, presumiblemente el último superviviente de aquella época, solo quiere repetir una vez más su historia. Es alguien derrotado, un residuo del pasado que cree merecer mayor reconocimiento del que recibe. El otro tiempo es lo que él cuenta a los jóvenes, la pormenorizada descripción de la llegada de la muerte a la gran ciudad, que en vez de ser representada en un ser mitológico, religioso o pagano, es invisible, un virus al que pronto identifican y tratan de combatir mediante la ciencia.

La visión de London sobre el tema de la narración es la que corresponde a un creyente en los avances y la educación científica, desde la elección del personaje a la perspectiva, se aleja de otras tantas obras que dan un sentido más bíblico a este tipo de historia.

Pero debe quedar claro que estamos ante una ágil historia donde la acción es constante. Como si fuese una aventura en la que los personajes huyen sin parar, en La peste escarlata nadie se detiene. La narración va de un lugar a otro, de un suceso al siguiente sin apenas transiciones. Estamos ante un libro muy corto y activo.

Personalmente, he disfrutado la lectura. Esperaba encontrar una obra más primitiva en el aspecto formal. El talón de hierro puede parecer un libro denso para el lector actual de distopías; sin embargo, en La peste escarlata no existe este problema. Jack London maneja con contundencia y mucho brío todo lo acontecido en la historia.

Además, merece la pena acercarse al libro para disfrutar del trabajo de Libros del Zorro Rojo. La edición es magnífica y las ilustraciones de Luis Scafati de gran belleza. También cuenta con una buena traducción de Marcial Souto y una generosa edición en todos los aspectos.

A pesar de mi interés en el género, reconozco que apenas conocía esta novela corta de Jack London. Un error que he corregido con mucho placer. Sin ser una de las grandes obras del autor, sí creo que debe ser profusamente recomendada para cualquier lector. No es una curiosidad de 1912, hoy día todavía es una agradable lectura, una novela a disfrutar.

ekaitzortega(arroba)gmail.com

1 Comment

  • Responder abril 22, 2018

    Jean Mallart

    Es curioso, tanto London como Zamyatin escribieron distopías (“El talón de hierro” y “Nosotros”) e historias postapocalípticas. “La cueva” (1920, el mismo año que “Nosotros”) es un estremecedor relato ambientado en una Rusia asolada por una glaciación.

    Otra curiosidad: Recuerdo cuando leí “La cueva” siendo adolescente; me recordó las historias de Jack London sobre tramperos y buscadores de oro pasando un frío de cojones en Alaska y el Yukón. Me flipa recordarlo después de más de 30 años.

    Y otra: el mismo año que “La peste escarlata” (1910), London escribió el cuento “La invasión” (o “La invasión sin paralelo”), en el que narra un futuro superdesarrollo de China durante el siglo XX que acaba en conflicto con los países occidentales y siendo arrasada por EEUU y sus aliados, que la atacan con armas biológicas provocando un genocidio casi total.

    Lástima que London muriese tan joven. ¡Lo que nos hemos perdido!

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