El noble espectáculo de lanzar batidos de leche

batidos de leche

Lo peor que puede pasar en política es que se rían de ti. Si quitamos métodos más radicales, seguramente el convertirte en objeto de burla es el modo más eficaz de anulación de autoridad que existe. Cuando el ajedrecista Garri Kasparov estaba en sus primeros movimientos para entrar en política, un dron con un consolador colgando empezó a sobrevolar el lugar donde había organizado un encuentro. En pocas horas apareció en todos los telediarios en el tono poco serio que suelen utilizar los medios de masas para referirse a según qué temas y se convirtió en otro obstáculo en su posteriormente frustrada carrera política. El coste que llevó realizar esa acción fue mínimo.

En los últimos años hemos asumido que la repercusión de un mensaje es más importante que su veracidad. Mientras, en la representación política se ha aceptado con normalidad la entrada de actores, bufones y estrellas mediáticas antes que obreros o intelectuales. En esta nueva situación no es extraño encontrar en actos políticos representaciones teatrales o artísticas en sus mayores expresiones.

La performance como muestra política puede encontrar múltiples representaciones. En la reciente visita de Albert Rivera a Ugao-Miraballes, donde no tiene influencia política, fue recibido de espaldas y en silencio por sus habitantes. Su interpelación al pueblo con un saludo antes de desaparecer tras una esquina fue recibida con indiferencia. Quitando tres personas, el resto del pueblo estaba más concentrado en su interpretación que en generar la imagen en medios buscada por el político.

En otros países el uso de la performance ha cogido un nivel más elevado. En Reino Unido se ha puesto de moda lanzar batidos de leche a los líderes de extrema derecha. Carl Benjamin, Christopher Lennon y Nigel Farage (fundador del Partido el Brexit) han sido las víctimas de esta muestra de desprecio y burla por igual. Hacía tiempo que se oía sobre este tipo de representaciones artísticas, protestas o agresiones, llámesele como se quiera, pero no apareció demasiado en medios extranjeros hasta que alcanzó a Farage

Nigel Farage, líder del partido más votado en las últimas elecciones europeas del Reino Unido fue la última víctima, pero en Reino Unido se entendió que existía un patrón al segundo lanzamiento de batido. El caso de Christopher Lennon, conocido también como Tommy Robinson, fue el primero en hacerse viral cuando un manifestante le lanzó el batido a la cara y este respondió con puñetazos. Días después volvió a recibir otro batido de leche y los políticos y la policía empezaron a controlar a las personas con bebidas, así como la venta de este producto en comercios cercanos.


Al igual que el icónico puñetazo a Richard Spencer, líder de la Alt-Right, fue transformado en meme, las cámaras son necesarias en la propagación de la obra representada. Sin testimonios no hay resultados y de nada sirve lanzar batido a un político si no forma parte de un contexto mayor.

En el vídeo del baño recibido por Nigel Farage se puede ver cómo la representación se cumple de principio a fin aunque todos estuviesen prevenidos de que podía ocurrir algo similar. A pesar de estar rodeado de medidas de seguridad, un individuo le lanza el batido al cuerpo. Se observa cómo no les pilla en excesiva sorpresa a ninguno, político incluido. Mientras se lo llevan en el humillante paseo hacia un lugar donde cambiarse, cogen fuerza los dos otros elementos: la cámara que sigue sus pasos y los actores no enfocados que ofrecen la clave interpretativa mediante sonoras carcajadas en algunos momentos.

Batido de leche. Ayudar a hacerse más blanco a quien cree que su color de piel y nacionalidad son más válidas que las de un turco, esa puede ser una de las lecturas que realizamos al ver cómo los políticos ultraconservadores miran desnortados a cámara.

Farage afirmó en su Twitter que “las campañas se vuelven imposibles”. Todo esto tiempo después de haber roto cualquier código ético durante sus años en política y, especialmente, las mentiras de su campaña proBrexit.

En cuanto a la recepción de la performance, la mayoría de medios y políticos han compartido la frase valorativa con la que se abría un artículo de El País: “Resulta tan ridículo e inofensivo como intolerable”. Pero una cosa es la esfera política y sus extensiones y otra la población y el mismo capitalismo. En los alrededores de los mítines de estos políticos se prohibió a McDonald’s la venta de batidos. Como respuesta, Burger King escribió en un tuit: “Querido pueblo de Escocia. Venderemos batidos todo el fin de semana. Diviértete”. Si hay espectáculo, también será aprovechado como negocio. A este tuit le siguió otro afirmando que no apoyaban el lanzamiento de batidos a políticos, pero más importante que todo esto es la utilización de los sucesos como mecanismo de marketing, lo que lleva a una suerte de bendición por parte del sistema.

En cuanto a la población, división de opiniones sin saber cuál ha sido la influencia en las votaciones posteriores, pero lo importante no está en los resultados directos. Los síntomas, la teatralización y el ser objeto de burla tras la inmortalización de las imágenes es lo que queda. Farage y sus compinches han sido parte importante en la ruptura de las reglas políticas y la tensión en Reino Unido. Que ahora vean como inaguantables las campañas políticas solo demuestra que ante la comedia de enredos que han creado, parte de la población responde mediante una performance donde ya no son necesarias más palabras.

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